martes, 14 de mayo de 2019

LA PERVERSIÓN DE LOS JUGUETES

Transcurre octubre y pasa casi desapercibido. Mes colchón entre el final del verano y el horizonte de las Navidades. Absortas en esa manía de vivir mirando hacia detrás o hacia adelante, comenzamos a pensar en el puente de diciembre como la fecha perfecta para esa escapadita a Tenerife para buscar los reyes de este año. Se hace necesaria pues, una pequeña reflexión sobre las compras navideñas y más en concreto, sobre el tipo de juguetes que hacemos llegar a nuestras casas. 
Trabajo hace 14 años en una Escuela Infantil, ofreciendo a niños y niñas juguetes como cochecitos, peluches, cocinitas, bebés, bloques de construcción, etc. Es alrededor de los dos años cuando nuestros pequeños y pequeñas comienzan a imitar los modelos que viven en casa o ven desde tempranas edades en pantallitas, ya sea la tele, internet, tablets, móviles, etc. Es a esta edad, cuando se les retira el pañal y  se identificarán con: soy un niño o soy una niña, puesto que se les despoja de esa prenda que les tapa y se encuentran con sus genitales y con la consecuente etiqueta. Casualmente, alrededor de esta edad irán aprendiendo qué juguetes les corresponden por ser niña y cuáles por ser niño. 
Se trata de un aprendizaje que se va forjando poco a poco. ¿Por qué es en torno a esta edad cuando pierden el interés por un determinado tipo de juguetes? Todas y todos sabemos la velocidad con que aprenden nuestros pequeños y pequeñas. Así que no serán en vano todos y cada uno de los mensaje que reciben a diario de su entorno. Ya sea a través de medios digitales o a través de modelos vivenciados en su familia, nuestras niñas y niños aprenden con qué pueden y con qué no pueden jugar.
En ningún año de los trabajados me he encontrado con  que a los niños no les guste jugar con muñecas o a hacer comiditas con las cocinas que tenemos, como tampoco he visto que a las niñas no les apetezca jugar con cochecitos. Sin embargo, ¿cuántas varitas mágicas tienen un niño de dos años? ¿Cuántos carritos de bebé? Seguro que no se pueden comparar al número de coches o balones. ¿Y una niña? ¿Cuántos coches teledirigidos le han regalado? ¿Es que no son divertidos? ¿De verdad pensamos que le divierte más una corona de princesa que un balón? 
La experiencia en la escuelita en la que trabajo me dice que no es así. Niños y niñas juegan por igual con juguetes variados y les dedican más tiempo a los que ofrecen más posibilidades de juego e interacción, como los coches, camiones, puzzles. Tristemente, alrededor de los tres años ya han aprendido la lección y se decantan por los que nuestra sociedad estipula como juguetes de niño o juguetes de niña. No hablaremos aquí de los juguetes electrónicos, que si bien están siendo regalados casi por igual a niños y niñas, también puede verse  diferenciación en el tipo de juegos que utilizan. La simple presencia o ausencia de determinado tipo de juguetes en casa, les lanza el mensaje claro de lo que es adecuado o no para ellas y ellos.
Imagen de juguetes para niños y niñas.
Imagen de juguetes para niños y niñas.
Debemos tener claro que a través del juego se ensayan futuros comportamientos de  la vida adulta. Lo hacen todas las crías del reino animal. Esto lo comprobamos cuando juegan a pelear, a cazar etc. No somos menos nosotros, los humanos. A través del juego ensayamos qué tipo de personas seremos en un futuro. Atendiendo a esto, debemos saber que nuestros juguetes nos hablan del rol que la sociedad quiere que desempeñemos más adelante. 
¿Qué tipo de niñas-mujeres y niños-hombres queremos que sean nuestras hijas e hijos? ¿Qué universos queremos que conozcan? ¿Qué límites o posibilidades les planteamos cuando les ofrecemos un tipo de juguetes y no otros? ¿Estamos dispuestos y dispuestas a contribuir al encasillamiento de la mujer y del hombre y por tanto a continuar mutilando el universo de posibilidades que podemos ofrecer a la sociedad? ¿Por qué cercenar a nuestros niños y niñas limitando los juguetes con que se relacionan y experimentan? 
En la respuesta a todos estos interrogantes está la clave para la construcción de una sociedad más justa en la que las personas elijamos libremente los papeles que queremos desempeñar en nuestra vida.
Ana Belén García Sánchez
Pedagoga y educadora infantil

El azucar es perjudicial para la salud de nuestros hijos e hijas ¿ por qué?



COMPARTO ESTE ARTÍCULO* QUE HABLA SOBRE LOS EFECTOS DEL AZÚCAR EN LOS ORGANISMOS DE NIÑOS Y NIÑAS








El azúcar es como alcohol para los niños: daña el hígado y el cerebro



2019-04-13
¿Usted daría un vaso de bebida alcohólica para su pequeño hijo? La respuesta, ciertamente, será no. Ningún padre o madre daría alcohol a un niño. Principalmente porque se sabe que es tóxico, causa daños graves al organismo y adicción. Sin embargo, si usted tiene el hábito de dar dulces, y llenar las comidas de su hijo de azúcar, puede ser que usted esté haciendo un gran mal al niño, sin darse cuenta.
Un estudio en el Reino Unido, la Encuesta Nacional de Dieta y Nutrición, demostró que el azúcar consumido por los pequeños puede hacer tan mal al hígado y al cerebro como el alcohol.
En este caso, el hígado metaboliza la fructosa, una de las moléculas del azúcar, al igual que el alcohol, sobrecargando el órgano que tiene, entre otras funciones, el trabajo de eliminar las toxinas del organismo.
Es cada vez más común que los niños sufran problemas de adultos, como la diabetes y las enfermedades del hígado. Un estudio realizado en Italia evaluó 271 participantes, con una edad media de 12,5 años, y que tenían dietas azucaradas. La investigación descubrió que el 37,6% de ellos tenía estaatohepatitis no alcohólica (NASH), enfermedad que puede causar daños irreversibles, llevando a la fibrosis y la cirrosis.
Entre los principales villanos del exceso de azúcar están los alimentos industrializados. Es común que la industria llene los productos con azúcar, principalmente en los ítems destinados al público infantil. Además, es fácil enmascarar el azúcar en las etiquetas, ya que existen al menos 56 nombres diferentes para esa sustancia.
Los productos como el yogurt, cereales y galletas pueden contener una cantidad tan grande de azúcar que extrapolan las necesidades diarias del niño sólo en una comida. La fructosa, mencionada en los estudios, también existe en las frutas, pero no es nociva, pues viene acompañada de vitaminas y minerales esenciales al organismo y se metabolizan de modo diferente.
Por eso, mucho cuidado con lo que coloca en el plato de su hijo.
*FUENTE: MUNDO NUEVO